Virgen de la Esperanza

La llegada de la Virgen de la Esperanza está repleta de hermosas anécdotas. Su llegada vino propiciada por los cofrades Vicente Sánchez Puerta y Pedro Ramón Martínez López. Estos obtuvieron unas ganancias en el casino local y decidieron adquirir para la Cofradía de San Juan la imagen de una Virgen, la Virgen de la Esperanza. Al igual que el titular, la imagen fue encargada al escultor murciano don José Lozano Roca, quien cobró la cantidad de dos mil pesetas por la misma.

Una de las historias más conocidas de esta imagen es que fue expuesta en el Casino de Murcia, antes de ser entregada a los cofrades, siendo muy alabada por la crítica de la época.

«En la Real Sociedad de Amigos del País el escultor Lozano Roca expone cuatro magníficas esculturas religiosas: Jesús y la Samaritana, la Virgen de la Esperanza y una Dolorosa. (…) Igual ocurre con la Virgen de la Esperanza, esta fue inspirada en la famosísima imagen sevillana. La singular belleza de esta escultura es unánimemente elogiada por cuantos la contemplan y es de lamentar que túnica y manto no sean más valiosos para que el conjunto tuviera su efecto normal».



Otro de los sucesos más célebres es que eran tantas las ansias de ver la imagen de la Virgen que el día que iba a ser entregada los cofrades fueron hasta Librilla a esperarla. Dicen que fue tal la emoción que sintieron al destapar el embalaje que la protegía, que allí mismo derramaron multitud de lágrimas.

La situación a la llegada de la Virgen fue similar a la de San Juan,. La imagen debía ser vestida pero los medios económicos eran muy escasos. Aún así se pudo comprar una tela adamascada para confeccionar su traje.

La primera vez que salió en procesión compartió carroza con la imagen del titular. Años después la Cofradía adquirió la suya propia, aunque en sus principios también fue utilizada para sacar el paso del Beso de Judas.

Se puede decir que a la llegada de la Virgen se produjo un vuelco total por parte de sus cofrades. Esta imagen puede presumir que todos sus bienes provienen de regalos de cofrades. Como por ejemplo una corona de las llamadas real de filigrana fabricada en plata; a finales de los años sesenta, estrenaba un manto verde hecho en terciopelo verde con aplicaciones doradas. Años más tarde se le obsequiaba también con manto de terciopelo negro bordado en azabache para la procesión del Santo Entierro. En el año 1995 la Virgen estrenaba su estandarte realizado en raso verde bordado con pedrería, perlas y diversos adornos realizados en tisú.

Pero seguramente el bien más preciado de la Virgen de la Esperanza llegó en 1995. Sus cofrades veían cumplirse uno de sus sueños: dotar a la imagen con un trono de plata repujada al más puro estilo andaluz. Fue realizado por unos orfebres de Sevilla, en el que además de la magnífica plataforma, se hace necesario admirar los doce varales que sujetan el palio, sus bambalinas y los majestuosos faroles de cola.

El palio del trono fue un trabajo arduo que duró unos cuantos años. Las bambalinas, al igual que el estandarte principal de la Cofradía están elaboradas en malla de oro con piezas de tisú, pedrería, lentejuelas e hilo de oro. El cielo del palio, de terciopelo verde, fue bordado en el mismo estilo y rematado con cordones de oro.

Para poder hacer este palio y bordar el majestuoso manto que luce la imagen en la Procesión del Silencio, la Cofradía decidió crear un taller de bordado, que dirigió desde sus comienzos hasta su fallecimiento doña Carmen López Sanz.

A su llegada, la imagen fue depositada en la casa de Vicente Sánchez Puerta, más tarde se llevó a la iglesia de la Concepción, pasando años después a la parroquia de San Lázaro para compartir capilla con San Juan Evangelista y el Cristo del Rescate. Con motivo de las obras que se realizaron en la iglesia del patrón de Alhama, la Virgen fue depositada durante un tiempo en la primera iglesia en la que estuvo, aunque hace unos pocos años fue devuelta a la parroquia de San Lázaro, donde vuelve a compartir capilla con las dos imágenes anteriormente citadas.

A principios de la década de los sesenta, y volviendo a hacer hincapié en el vuelco que hizo la Cofradía hacia su Virgen, se creaba el Tercio de la Virgen de la Esperanza, formado exclusivamente por mujeres. Estas vestían túnica blanca, capa y fajín verde, diferenciándose del blanco y del rojo, colores tradicionales de la Cofradía de San Juan Evangelista.

Otro de los hechos que rodean a la imagen fue la creación del tercio de mujeres de mantilla de la Virgen de la Esperanza, costumbre que, a día de hoy, todavía se conserva. De hecho, a las «manolas» que procesionan por primera vez se les obsequia con una medalla la cual se entrega en la misa celebrada por la onomástica de la Virgen, el día 18 de diciembre.

El último acto en torno a la Virgen de la Esperanza fue la Coronación Canónica de la imagen en el año 2006, este hecho es sin duda el más importante de su historia. La Esperanza fue coronada por el Obispo emérito de la Diócesis de Cartagena don Javier Azagra Labiano. Al acabar la ceremonia la Virgen de la Esperanza fue portada en su majestuoso trono de plata hasta la parroquia de San Lázaro.